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El espíritu de “La Búsqueda de Diego Cortijo”

La Búsqueda emitió el lunes 2 de octubre el último episodio de su primera temporada, y con motivo del cierre de este ciclo, queremos recordar cómo empezó todo. Fue a través de un email. Uno en el que Diego Cortijo se presentaba como viajero, preguntón y alma inquieta. Nos hablaba de sus siete años de viajes a Perú y de su obsesión personal: encontrar restos de la ciudad perdida de Paititi.

Cuando en Clandestino surgió la oportunidad de contar la historia de los huaqueros y el saqueo arqueológico de Perú, enseguida pensamos en Diego. Quizás su exploración en las selvas del Madre de Dios sirviera para poner en valor el patrimonio arqueológico de la zona. Quizás, pensamos, podríamos hacer posible una secuencia con la que hablar de la carrera entre los que buscan esquilmar los tesoros del país y aquellos que, como Diego, quieren encontrarlos para entregárselos a la humanidad. Quizás, de paso, pudiéramos ayudar a Diego a hacer su sueño realidad.

Esa vez no pudo ser. No encontramos los restos de la ciudad perdida. Pero esos momentos en los que nos vimos a las puertas de pisar donde nadie había pisado, de ser capaces hoy en día, en este mundo globalizado e interconectado, de DESCUBRIR, esos momentos nos pusieron en contacto con algo antiguo y maravilloso del ser humano. Al final del viaje, todos queríamos ser exploradores.

La Búsqueda nació con esa reflexión y la voluntad de contagiar la curiosidad por el mundo que a nosotros nos inspiró Diego. Quizás haya quien se pregunte qué papel juega un programa de este tipo en la productora. Diríamos que vivimos en tiempos en los que no encontramos forma de entender el valor del planeta en el que vivimos. Tiempos de autodestrucción. Creemos que en la raíz de todo está la incapacidad de apreciar a diario el privilegio de compartir este planeta entre seres humanos. Y creemos que la televisión y las buenas historias pueden inspirarnos a mejorar.

La Búsqueda es el fruto de darnos cuenta de que no basta con conocer el mundo intelectualmente. Es necesario tener memoria de nuestro pasado y cultivar la fascinación por la Historia, el planeta y quienes lo habitamos.

Muchos de quienes hemos participado en el programa pertenecemos a una generación que creció escuchando a Félix Rodríguez de la Fuente. No recordamos las características de los linces y halcones que presentaba, pero sí nos sentimos totalmente embriagados por la pasión de ese hombre a la hora de contar la aventura que supone compartir el planeta con otros seres vivos. Fue a través de esos viajes como aprendimos a respetar y a amar el planeta.

Indiana Jones no nos enseñó arqueología ni historia a ninguno de nosotros. Pero cabe preguntarse cuántos arqueólogos y exploradores jamás hubiesen existido sin ese personaje entre la caricatura y el mito que les permitió entender la aventura que suponía poder hacer descubrimientos. A veces la fascinación y la leyenda, al igual que la pasión y la curiosidad, son necesarias para llegar al conocimiento. Y solo a través del conocimiento se puede llegar al respeto. Contagiar ese espíritu ha sido el objetivo del equipo de 93 Metros y de Cero, a quienes seguimos eternamente agradecidos por haber creído en el proyecto. Gracias al apoyo y la ambición del canal, Diego pudo encontrar al fin los restos de una plataforma pre-inca en Perú, un asentamiento vikingo en Groenlandia y respuestas a otro tipo de preguntas en Japón y México. No sabemos si la audiencia y la cadena nos bendecirán con más oportunidades, pero estos cuatro episodios se cierran con la esperanza de que La Búsqueda de Diego Cortijo haya ayudado a más de uno a encontrarse un poquito. Nosotros lo hemos hecho.

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