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Lo conseguimos

Hace dos años y pico David Beriain y yo nos reunimos en una cafetería del centro de Madrid para ver qué hacíamos con nuestras vidas. Cuando miro algún apunte, me doy cuenta de que no nos hemos movido mucho del dibujo de servilleta inicial. Creo que este es uno de los motivos por los que hoy 93 Metros es una productora consolidada y rentable, que genera puestos de trabajo y da de comer a un buen puñado de personas.

En este entorno y en este momento tan desconcertante la única manera de sobrevivir es siendo pequeños y humildes, tanto como sea posible. Pero profundamente ambiciosos. Y creer en tu experiencia, en tu entorno y en tu equipo. Porque es mejor asumir pronto que nadie fuera de tu círculo te va a ayudar. Sólo así es posible soportar los malos ratos, las incomprensiones, los desánimos… Sólo así, y con una tesorería interna casi monacal. Sabiendo, o al menos creyendo, que las cosas que merecen la pena se consiguen con el trabajo diario y con la honradez por delante.

No hemos hecho ningún curso de emprendimiento, no tenemos coach, no hemos estudiado en una escuela de negocios y no escribimos decálogos para emprendedores. Tampoco creemos que el emprendimiento sea la solución de una sociedad. Al fin y al cabo el trabajo asalariado digno es lo que nos ha sacado de la oscuridad.

No se me ocurre un compañero mejor que David para este viaje. Todo el mundo sabe que Beriain es un tio de acción, capaz de proezas periodísticas pocas veces igualadas en este país. Pero además es una de las mejores personas que conozco. Una persona de fiar, algo tremendamente escaso en este mundo a veces miserable de los dineros. En estos dos años ha habido debilidades. Los dos, sobre todo él, podríamos ganar más dinero, ser más guapos y posiblemente publicar en sitios muy relevantes. Hemos rechazado algunas ofertas, aceptado otras a regañadientes y transitado con el cuchillo en la boca por las junglas urbanas de los cristales oscuros. Pero siempre con un objetivo bien claro, y cito nuestro texto fundacional:

Creemos en el poder de las historias y en el respeto a sus protagonistas. Pensamos que esas historias están en todas partes y que todas merecen ser contadas con delicadeza, entrega y rigor. En medio de la guerra de Afganistán o a la vuelta de la esquina. Nos dejamos la piel en todos los terrenos para capturar la vida en toda su intensidad.

Nuestro territorio es la realidad, el campo de juego más radical, intenso y emocionante que puede encontrar un contador de historias. Como esa realidad se manifiesta de muchas formas, creemos que así tienen que ser también el periodismo y la narración modernas. Por eso nos hemos adaptado a todos los soportes posibles. Imaginando, innovando, creando nuevas narrativas para contar las historias que importan, las que nos mueven.

A veces pienso que es un milagro que hayamos logrado generar beneficios y vivir de lo que nos gusta. Pero los milagros no existen. Atravesamos un momento en el que muchos de los mejores no tienen espacio para desarrollar su trabajo. Las historias que merecen ser contadas desaparecen poco a poco empujadas por un río llamado SEO y por intereses espurios. Nos hemos olvidado de para qué es esto y no tenemos la valentía de defenderlo. O quizá la batalla ya esté perdida y no haya nada que defender en el ámbito tradicional. Los medios se entierran a sí mismos equivocando el foco, dedicando demasiado tiempo y recursos a asuntos que no interesarán a nadie. Hoy todo “te va a cambiar la vida”, todo lo “tienes que ver” y todas las historias “están emocionando al mundo”. Curiosamente pasadas dos horas nadie se acuerda de ellas. Son irrelevantes, son carnaza que siempre existió. Lo que pasa, creo, es que antes la disimulábamos debajo del felpudo.

La policía no es tonta. La crisis de la prensa se debe en gran parte a esa banalización del contenido y a esa confusión de la jerarquía informativa. Mientras abrimos digitales con la última del cantante de turno o con el youtube de moda estamos lanzando un mensaje equivocado a los lectores: aquí tienes lo mismo que vas a leer en tus redes sociales o en los blogs de picadillo. Esto es lo mejor que tiene que ofrecer mi redacción. Y lo coloco al mismo nivel o por encima de, por ejemplo, la muerte de 15 inmigrantes en extrañas circunstancias en nuestra frontera sur.

Mención aparte merece el paternalismo y la asunción del relato de la realidad en la que han caído muchos medios. Como si una sociedad fuese un menor que necesita ser tutelado, al que se le debe hurtar parte de la realidad. De locos.

Perdemos la oportunidad de innovar, de profundizar, de poner el foco en las cosas que de verdad importan cuando está comprobado y respaldado con cifras que el trabajo bien hecho es lo único que funciona, que genera marca y prestigio, que hace que los lectores vuelvan, porque se fían de nosotros, porque van a encontrar en nuestro medio historias relevantes, datos para tomar sus decisiones diarias, contadas con formatos innovadores y útiles y con el mayor rigor posible. Eso vale dinero, lo otro no.

Creemos en esas historias y también en que la tecnología y la realidad deben ir de la mano, por eso avanzamos paralelamente en los dos sentidos. Desde el principio pensamos que era la única manera de sobrevivir y hoy por hoy lo vamos consiguiendo. Nos gustaría poder contar más acerca de los proyectos en los que andamos metidos, de momento sólo nos dejan contar lo que tenemos publicado en 93metros.com. Lo único que podemos decir es que estamos contentos, ilusionados, esperanzados y también, por qué no, cansados.

Es una carrera de fondo que nos permite vivir de la manera que nos gusta vivir y reconocernos -casi siempre- en el espejo cuando nos asomamos a él.

Poco más que decir. Agradecer a los que creyeron en nosotros desde el principio su apoyo no solo afectivo y moral sino también material. En este capítulo entran no sólo los particulares, ellos saben quiénes son y saben que les queremos, sino también las empresas que han apostado por 93 Metros. Al fin y al cabo con prestigio y reconocimiento no se pagan las facturas. Ni falta hace mencionar a Laura, Rosaura, madres, padres, equipo y amigos porque sin ellos no hay nada.

Intentaremos estar a la altura.

Adriano Morán, director de 93 Metros.

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Comentarios

  1. Gustavo Bravo dice:

    Enhorabuena y mucho ánimo. Sin genios como vosotros los demás lo tendríamos más complicado para seguir. Viendo lo que hacéis y cómo sois es más fácil saber lo que se quiere ser en un futuro (y lo que no).

    Y esto lo tengo claro desde que era becario y empecé en esto a vuestro lado.

    Un fuerte abrazo.