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El amante

Amateur (del lat. Amator: el que ama)

Conocí a Benito Ros en la oficina de nuestros amigos de D4D, en Pamplona. Enrique Urdánoz y Salva Puig me habían contado su historia, la de un chaval de un pueblo pequeño del valle de Yerri, en la Navarra más profunda, que un día soñó que desde allí, desde Abárzuza, desde sus casas de piedra y sus 548 habitantes, podía conquistar el mundo.

De aquella historia, lo que me interesó no fueron las locuras que, decían, hacía Benito con su bici de trial. Ni siquiera que hubiera ganado ocho campeonatos del mundo. Lo que realmente me cautivó fue la determinación, el deseo quemante que, imaginé, debía consumir a alguien de un lugar tan pequeño al empeñarse en vivir de un deporte tan desconocido y llegar a dominar su especialidad con más autoridad que ningún otro deportista español conocido.

Benito no habló mucho en aquella reunión. Escuchaba con una intensidad que le hacía fruncir el ceño. Miraba fijamente, como miran los hombres que se mueven en una e irrevocable dirección, hacia un objetivo tan deseado como costoso. Y pude adivinar el precio que había pagado por vivir su sueño.

La historia de Benito tomó finalmente cuerpo en “El que ama”, una producción grabada en 3D para News Corporation, del que hoy podéis ver un adelanto. No es una historia de deportes al uso, sino un canto a la vida, al sacrificio y a la voluntad inquebrantable de un joven decidido a triunfar sin dejar de ser fiel a sí mismo. Es la historia de un amateur, del latín amator, un amante. Alguien que lo da todo por un deporte, aunque a cambio reciba más bien poco.

Con “El que ama” queremos humildemente defender que otra narrativa es posible en torno al deporte y a los deportistas. Una narrativa que no tiene que ver con la anécdota de los resultados, o con el culto a los ídolos, sino más bien con la certeza de que el deporte no es sino una métafora mayúscula de la vida, de sus triunfos, de sus fracasos, de su épica, de su drama. Una narrativa que cuente la historia de esos amantes desconocidos que no encontraron en el deporte más gloria que la de tallar con esfuerzo y sudor, a golpe de voluntad, su propia alma.

Una narrativa que dominan con mucho más talento y maestría que nosotros Pablo Iraburu y Migueltxo Molina en su increíble Pura Vida, la historia del intento de rescate del montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza. Si este fuese un país justo les habrían hecho llegar la alfombra de los Goya hasta su Pamplona.

David Beriain

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